viernes, 28 de diciembre de 2012

Introducción

Kirtash se dirigía al estudio de su padre. Drackwen había quedado sumida en un silencio sepulcral. Los szish que patrullaban la Torre parecían haberse esfumado y los sheks  que realizaban su labor de vigías lo hacían con sigilo. El joven recorrió los largos pasillos de la Torre hasta llegar a la habitación que buscaba. Sin llamar siquiera a la enorme puerta de madera oscura, decorada con un hexágono, entró. La sala tenía forma hexagonal y el techo acababa en un pico, donde se unían todas las aristas. En cada esquina de la sala había un árbol, cada cuál diferente. La estancia estaba iluminada por ventanales de vidrio, sucios y bastante viejos. Durante el día entraba una luz mortecina y pálida, mas ahora, en pleno segundo atardecer, apenas se distinguían las figuras.
Kirtash distinguió a su padre en el centro de la sala. Iba trajeado con una larga túnica, remangada por los codos. Parecía estar absorto en sus pensamientos, apoyado en una mesa de madera llena de frascos. Su enorme espalda dificultaba la visión del joven, pero un halo plateado delataba el objeto que se encontraba en el centro de la mesa: el cuerno de un unicornio. La mente de Kirtash voló fugaz hasta Victoria. Rememoró su aspecto, con un enorme agujero en tinieblas en la frente. Movió la cabeza para volver a centrarse.
-Aquí estoy, padre -dijo Kirtash con su característico tono frío y distante.
Ashran se volvió hacia él. Sus ojos mostraban un extraño brillo que hizo al joven recelar. El Nigromante se acercó a su hijo y asintió.
-Te he mandando llamar porque necesito que cumplas un encargo -pronunció con retumbante voz.
-¿De qué se trata?
-Necesito que consigas sangre de dragón -hizo una pequeña pausa. Su hijo sabía ocultar bien las emociones y mostrarse impasible, pero aquel pedido hizo que su cara denotase sorpresa.
-¿Para qué necesitáis eso?
-Eso no te incumbe -respondió tajante-. También necesito la tuya, Kirtash.
Kirtash alzó una ceja.
-Ni lo sueñe, padre. No voy ayudarle en lo que sea que está planeando -se dio la vuelta para girarse, pero Ashran le agarró del hombro.
-¿Y si te digo que podría beneficiar a tu chica unicornio?
Kirtash se tensó ante la mención de Victoria. ¿Qué estaría maquinando su padre ahora? Volvió a ponerse cara a cara a él y lo observó. Ashran había estado encerrado en aquella sala varios días. Era algo frecuente en él, por lo que no le había dado mucha importancia. Pero, ¿qué relación podían tener sus planes con Victoria?
-Te escucho.
Ashran hizo una mueca que, supuso su hijo, pretendía ser una sonrisa.
-Llevo unos días trabajando en un conjuro. Es muy antiguo y he tardado bastante en descifrarlo. Se trata de una empresa arriesgada, con tan sólo una posibilidad entre billones de funcionar... Pero merece la pena intentarlo. Pretendo traer de nuevo los unicornios a Idhún.
Los ojos de Kirtash se abrieron de golpe. Su padre se había vuelto loco. ¿Repoblar aquel mundo de unicornios? Era una imagen tan hermosa como improbable. El Nigromante lo observaba, esperando una respuesta.
-No lo haré, padre. Jamás funcionará -habló al fin moviendo negativamente la cabeza.
-Pero, ¿y si funciona? Piensa en Victoria. Ahora está sola, sin nadie de los suyos. Es la única portadora de la magia. ¿Imaginas la responsabilidad que eso supone? Si me ayudases, podrías liberarla de esa obligación. Además, la rescatarías de la soledad. Reflexiona, Kirtash. Victoria puede no decirlo, mas ambos sabemos que ansía poder estar con los suyos.
El joven miró a los ojos a su padre. Sus palabras tenían sentido. Habían sido pronunciadas en un tono muy convincente. Tanto, que cuando volvió a hablar, lo que dijo fue:
-Está bien. Le ayudaré a llevar acabo su desquiciado plan.

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